ARCHIVITIS AGUDA

Escrito por  01 Jul 2011
16 de noviembre de 2010.

Los meses se pasan volando y el archivo se traga mí tiempo. Entre el archivo de Pinto mi Raya, el trabajo en el Taller de Arte y Género con el archivo de Ana Victoria Jiménez para la exposición del año entrante y la visita al archivo de Olivier, desayuno, como, ceno y sueño archivo.

No estoy clavada revisando cada documento de Olivier porque no pretendo convertirme en experta en su trabajo, pero sí he tenido que adentrarme a la reflexión sobre el archivo para no quedarme en sólo ventilar papelitos.

Por lo pronto estoy leyendo Encounters in a Virtual Feminist Museum: Time, Space and the Archive de Griselda Pollock y The Archive and the Repertoire. Performing Cultural Memory in the Americas de Diana Taylor, además de los textos de Arte y fisuras transversales. Archivo y Acción, el seminario que están impartiendo Ana María Martínez de la Escalera y Erika Lindig en el MUAC al que me metí y que incluye desde Jacques Derrida o Hannah Arendt hasta Didi-Huberman.


Siento que el cerebro va a reventar porque me cuesta trabajo entender el peculiar y complejo lenguaje de los teóricos. Además no tengo la menor idea cómo diablos le voy a hacer para aterrizar algunas de estas ideas en la práctica y plantear una expo que no sea soporífera, que acerque al público general a Olivier y muestre al archivo como un ejercicio de poder personal.

Por suerte últimamente han habido muchas exposiciones de archivo, como No-Grupo: un zangoloteo al corsé artístico (Museo de Arte Moderno) y Un lugar fuera de la historia (Museo Tamayo, curadas respectivamente por Sol Henaro y Magalí Arriola y he podido observar sus estrategias. Y, claro, también la de InSite, curada por Donna Conwell, que está en el MUAC.


A diferencia de estas muestras que parten de archivos entre cuyos documentos hay obras de corte conceptual o las que presentan obra hecha a partir de archivos (por lo que en ambos casos hay material visual que exponer), la mayor parte del archivo de Olivier son papeles. Para colmos ni siquiera hay documentos estéticamente atractivos, como sucede en expos de archivos históricos. En el de Olivier abundan las fotocopias. Supongo que podría incluir obras de arte sobre las que él escribió, pero el reto es hacer la exposición del archivo mismo.

Lo bueno es que el material de Olivier se va a montar sobre los muebles que diseñó Giacomo Castagnola para la de expo de InSite que son una maravilla. Permiten que el público se acerque a los documentos, son acogedores, tienen espacio para consultar materiales y son muy flexibles. Me encantan las cajoneras y las vitrinas “carpeta” (por así llamarlas) ya que puedo pensar en colocar documentos para construir narrativas o mostrar procesos y por ende el tiempo, que es un elemento fundamental del archivo.


También me sirvió haber sido invitada a Colombia al Coloquio ERRATA# 1: Arte y políticas de archivo para hablar del archivo de Pinto mi Raya en septiembre. Todavía estoy digiriendo la experiencia, pero fue un lujo platicar con Graciela Carnevale del mítico colectivo Tucumán Arde en Argentina. Ella fue quien guardó su archivo durante décadas y lo ha estado exponiendo. Y también con el español Jorge Blasco, especialista en las maneras contemporáneas de archivar las prácticas artísticas. Me gustó que planteó que la palabra archivo es un verbo, no un sustantivo.

Durante el encuentro montaron una exposición del archivo de Tucumán Arde. Entre otras cosas entendí que el formato de una expo de archivo debe ser diferente a una de arte porque el consumo es distinto. Las expos de archivo se observan, pero también se consultan. De entrada, si van a funcionar bien, deben durar mucho más tiempo y ser gratuitas, como las bibliotecas. Un recurso que usaron en Colombia fue fotocopiar algunos de los materiales para que el público se los llevara. Esto me gusta porque es una manera de insertar fragmentos de un archivo en otros (si es que no los tiran saliendo del museo), pero creo que otra solución práctica sería un blog pues además de flexibilizar el horario de acceso a la expo, permite que un público más amplio la conozca.


Por cierto, tengo que empezar a leer la revista que ERRATA, que publica la Fundación Gilberto Alzate-Avendaño, que es quien organizó el evento. Su primer número es sobre arte y archivos e incluye textos de Andrea Giunta, Suely Rolnik, María Sol Barón Pino y otros.


En fin… He estado pensando en que he revisado un montón de cajas y todavía no sé por dónde entrarle al archivo de Olivier, por lo que creo que lo más honesto va a ser abordarlo desde mis propias pasiones. Partir de que esto es simplemente una visita al archivo de Olivier y no un estudio profundo de su trabajo. La próxima vez vaya a Arkheia voy a pedirle a Eloísa que me busque material sobre mujeres artistas. Aunque no me he topado con documentos que planteen explícitamente la postura de Olivier sobre cuestiones de género, mi sensación es que la discusión de las mujeres en el arte le era indiferente. Quiero ver a quienes estudió y porqué. Sin embargo, su postura ante lo gay era interesante porque es un tema central de sus novelas y una agenda velada (aunque no menos efectiva) en sus trabajos académicos y curatoriales. Y no, aún no tengo aún prueba alguna de esta hipótesis, pero vagamente recuerdo que el impacto que tuvo la exposición de Abraham Ángel en los ochentas fue importante porque revivió a un personaje icónico precisamente en el momento en el que el movimiento gay empezaba a tomar fuerza en México.

Texto publicado orginalmente en el blog de la exposición Visita al Archivo Olivier Debroise. Entre la ficción y el documento.

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