Múltiples caminos de Eduardo Romo

Escrito por  Antonio Espinoza 08 Oct 2013

En su célebre ensayo Art after philosophy (1969), Joseph Kosuth cuestiona severamente la pintura formalista y señala que el discurso histórico tradicional del arte ha llegado a su fin. En su lugar el artista y teórico conceptual estadounidense propone una investigación radical de los significantes a través de los cuales el arte adquiere su estatus como tal. Para este autor, la producción artística ya no puede plantearse en términos de estética, sino que debe consistir en una reflexión sobre la propia naturaleza del arte, en una exploración de los mecanismos de la creación y en un análisis de los signos lingüísticos que la integran. Kosuth es categórico: “Ser un artista ahora significa cuestionar la naturaleza del arte”.

            Pionero del arte conceptual, Joseph Kosuth marcó el camino que debían seguir los nuevos artistas, aquellos convencidos de que el arte, después de Duchamp, sólo puede existir conceptualmente. En su obra más famosa: One and Three Chairs (1965), este autor incluye tres elementos: una silla cualquiera, la fotografía de la misma silla y una definición de la palabra chair sacada del diccionario. La confrontación de estos elementos plantea el problema de la representación: ¿objeto físico, imagen del objeto o definición del objeto? Con esta obra, Kosuth marcó el paso definitivo hacia la desmaterialización del arte.

            Traigo a cuento a Kosuth, porque de unos años para acá Eduardo Romo (Ciudad de México, 1966) inició una reflexión en torno al objeto, con la clara intención de incursionar en forma más decidida en la práctica artística contemporánea. Recuerdo bien que en una plática reciente que tuve con el artista mexicano, expresó su entusiasmo por Kosuth y se refirió a la obra mencionada en los siguientes términos (cito de memoria): “Es una reflexión sobre las formas de representar y expresar la identidad de un objeto: a través de la presencia tangible del objeto, de su reproducción fotográfica o de su descripción lingüística. Es algo que pone en evidencia cómo diferentes lenguajes nos configuran la idea y la imagen de las cosas”.

            Eduardo Romo, en efecto, inició hace tiempo una aventura que le ha llevado por caminos que él probablemente nunca imaginó. A tal grado se ha diversificado su producción, que hoy ya no podemos hablar de Romo tan sólo como un escultor, sino como un artista visual por derecho propio. Cargado con armas conceptuales muy sólidas (duchampianas, kosuthianas), Romo sigue trabajando la escultura en madera, pero también hace dibujo, gráfica digital e instalación. Si el año pasado nos sorprendió con una exposición más que afortunada en Ex Teresa Arte Actual (Falsas estructuras), ahora vuelve al ruedo con la muestra: Continuum, inaugurada a fines de agosto en Machado Arte Espacio (Oklahoma 127, Col. Nápoles), en la que nos deja ver los múltiples caminos por los que transita en la actualidad.

            Una idea recorre la exposición: la resignificación. Si la escultura de Eduardo Romo se ha distinguido por la configuración racional del espacio (resultado de la vena “arquitectónica” del autor), la exaltación del oficio y la expresividad del material, ahora va más allá y se cuestiona a sí misma. Romo ha convertido diversos objetos cotidianos (discos, ruedas, tornillos, tuercas) en motivos para el arte, en objetos escultóricos de gran contundencia y solidez. Otro sentido tiene la resignificación en las obras con temática floral. Entre ellas se encuentra la que quizás sea la obra más significativa del conjunto: 100 flores (2012), una instalación construida con hornillas de cocina. Romo descubrió la forma floral de estos objetos, se apropió de ellos, los despojó de su función utilitaria, los resignificó y los convirtió en una obra de arte. Y es que este autor, al ampliar su horizonte creativo, se transformó en un auténtico constructor de objetos artísticos. 

 

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